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Dr. Manuel De La Fuente
Creador de Formas

Desde hace más de cuatro décadas ha venido desarrollando en Venezuela, sobre todo, en su Mérida adoptiva una producción plástica extraordinaria, que con buenos augurios había iniciado en su Andalucia natal a partir de mediados de los años cuarenta.

Ya desde su adolescencia y en su primera juventud se distinguió De La Fuente por sus excepcionales dotes para el Arte, que incluso en su etapa escolar, le hicieron merecedor de numerosos premios, becas y recompensas. Adiestro esos dones innatos mediante una esmerada formación en rigurosas escuelas de Bellas Artes de España. Tuvo además el enorme privilegio de profundizar luego su aprendizaje y perfeccionar aún más sus habilidades en avanzados Centros de Estudios y Academias de Italia. Alcanzó así cabal conocimiento de las técnicas artísticas hasta lograr ese dominio pleno del oficio Escultórico de que ha hecho gala a lo largo de su devenir creativo.

Se ha distinguido por un Opus Escultórico de excepcional valià que combina al propio tiempo, gran destreza en el tratamiento plástico de los mas diversos motivos temáticos, e indiscutible riqueza en los contenidos conceptuales y simbólicos de sus propuestas.

A lo largo de afrontar uno u otro tema Manuel De La Fuente a dado sobradas pruebas de una maestría de los ingredientes técnicos- formales, que a su vez se enriquecen con un manejo inteligente de conceptos y símbolos. Anclado con firmeza en la realidad referencial, convencido e insobornable cultor de la figuración, no se ha restringido al abordar con éxito los previsibles motivos de la figura humana en sus tradicionales modalidades del desnudo, el retrato, la escena de género o la representación monumental del héroe.

Desbordando tan limitantes fronteras iconográficas, este Escultor, de profundas convicciones humanistas, ha aceptado formular nuevos núcleos Temáticos mas personales, mediante los cuales busca suscitar reflexiones en torno a ciertas ideas filosóficas y determinados valores éticos. En ese singular enfoque critico se sitúan, por ejemplo, su Serie de las Multitudes y su conjunto de Personajes populares de los Andes u otros connotados tipos sociales, así como ciertas aparentemente jocosas aunque, en el fondo, acerbamente mordaces composiciones con extraños personajes deformados hasta el limite de lo soportable.

Cuando en 1977 Manuel De La Fuente presento por primera vez sus Multitudes en la Galería de Arte Nacional de Caracas, mucha gente percibió sus impactantes trabajos Escultóricos como meras “curiosidades” banales como simple menudencias anecdóticas e incluso como diversiones o travesuras un tanto comicas de este jocundo Andaluz; no supieron captar el profundo contenido de descarada denuncia social, el trasfondo amargo de socarrona ironía e incluso de sarcasmo mordaz, lo sobrecogedora dosis de desencanto y angustia que impregnan hasta el tuetano a dichas Esculturas, solo en apariencia jocosas e intranscendente.

De hecho, en algunas Multitudes y de ello rinden testimonio fehaciente, Obras como El Parto del Huevo, El Guacal, o la Gran Tortilla, el Escultor Merideño se hace eco de la despersonalización y el anonadamiento de que son victimas los seres humanos en un Planeta superpoblado hasta reventar, despersonalización que se torna especialmente dramática entre los habitantes de las densas aglomeraciones citadinas, asediadas por el hacinamiento y la masificación, no olvida nuestro artista que tal hacinamiento suele provocar de rebote una tremenda agresividad social, así como una pugna sin piedad por los bienes comunes y los servicios colectivos. Pero al propio tiempo De La Fuente destaca también que esa misma sociedad egocéntrica e individualista, estimula y apremia la competencia agresiva, la lucha sin cuartel, la victoria inmisericorde del mas fuerte, frente a los menos favorecidos, en franco desprecio de la solidaridad interpersonal. Nuestro artista pone así de relieve la soledad, la angustia y la indefensión del individuo en su agónica lucha por sobrevivir, inerme en ese oprimente contexto de despiadada hiperconpetitividad que caracteriza a la existencia actual.

Desinteresado por el desnudo masculino, Manuel De La Fuente se ha consagrado por entero al culto del desnudo femenino, entre otros motivos porque aprecía en el campo de la mujer toda la sensualidad de sus turgencias frontales y sus melodiosas curvilíneas, toda la armonía y belleza de sus formas, las cuales proporcionan por si solas fundamentos significativos para la creación plástica, pero además de estos atributos naturales del entorno femenino, el cuerpo de la mujer ofrece a nuestro artista otros importantes atractivos para su que hacer Escultórico, en virtud de la gracia y cadenciosidad de los movimientos de la mujer, de la delicadeza y la elegancia de sus gestos, del ritmo y fluidez de sus poses, en fin, de las infinitas potencialidades morfológicas, compositivas y emotivas que encarna el cuerpo femenino. Bueno es señalar, en tal sentido, que el Escultor Merideño se ha destacado siempre por su magistral dominio de la composición en el tratamiento de tales temas. Perfecto conocedor del cuerpo humano y de sus posibilidades dinámicas y expresivas. Manuel de La Fuente no ha cesado de crear desnudos de convincente eficacia icónica, en apariciones de gran variedad y complejidad morfológica.

En las expresiones abstractas esconde De La Fuente otra referencia auto bibliográfica de alcance raigal, el reencuentro memorioso del escultor adulto con su infancia, en un palpitante proceso circular mediante el cual incisivas vivencias infantiles resurgen con fuerza hasta llegar a coincidir con algunas experiencias de su madurez, tentado ya por cierto desilusionado escepticismo. Índice de ese agudo resurgir de la niñez son no solo las conchas recogidas en su Cádiz natal y los omnipresentes clavos en memoria de su Padre carpintero, sino, con especial relevancia, las rejas, cerrojos, cremalleras y puertas o postigos entre abiertos, que vienen a hacerle revivir la angustia compartida de un niño con su Padre, de ideas izquierdistas y Republicanas, obligados a vivir escondidos en su casa, con ventanas entornadas por temor a la persecución franquista durante los años posteriores a la guerra civil española.

El artista ha producido esas expresiones abstractas sin ningún plan previo, con excrecencias casi hormonales de su arbitraria espontaneidad, permitiendo que sus inquietas manos modelaren la arcilla con nerviosa impronta al conjunto del instinto, a medida de que este iba brotando de su inconsciente.

 

Jesús María Salvador

 

 



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